jueves, 25 de enero de 2018

Una foto del verano del 57.

El verano de 1957 fue la calma antes, y después, de la tempestad. En noviembre de 1956 se produce uno de los peores temporales que recuerda Valencia.

 Foto de mi colección.

A las 3 de la madrugada del 18 de noviembre de 1956 se iniciaba una de las peores catástrofes naturales en Valencia. Durante casi 24 horas se marcaron más de 240 lxm2 en la propia ciudad,  acompañado con un gran temporal de Levante y con abundante aparato eléctrico.. Los poblados marítimos quedaron bajo las aguas, otras zonas como la calle Sagunto y el monasterio de San Miguel de los Reyes llegaba a más de un metro de altura.

Más de 500 personas de la zona del Clot y las chabolas de "Ramón Laporta" como las denominó el diario Levante en su artículo "Se abrieron las nubes", fueron refugiadas en el Parque Regional de Intendencia, los conocidos Docks, pero más damnificados fueron llegando y se habilitaron el colegio "Terrasa" y la Lonja de Pescadores. Para los víveres y mantas se movilizó a los soldados de intendencia, personal de Auxilio Social y Asociación Valenciana de Caridad. Además había que sumar las más de 1000 presonas que perdieron sus casas o chabolas entre Nazaret y el Cabanyal.

 Fondo Ministerio de Defensa.

Los bomberos actuaron durante horas en el cine Benlliure (Lírico) y en el asilo de San Eugenio en la playa. Uno de los grandes daños fue la pérdida de la mayoría de los pilares del pabellón lacustre de Las Arenas. Sólo sobreviven unos cuantos y los que no se pierden se quedaron por debajo del nivel del mar, como se puede ver en la primera foto.


No fue la "Riuà" como se puede leer por la red, fue en el 1956 su destrucción. Pocos meses después con la riada de 1957 terminó con las minimas opciones de recuperar los pilares y rematado por la inundación de los poblados marítimos en el desbordamiento de la desembocadura del Turia de 1958 que fue su "tiro de gracia" y con ello el paso a la leyenda del pabellón de Las Arenas.

 1922. Pabellón lacustre. Foto de mi colección.

Tres golpes, de la naturaleza, que acabaron el el glamuroso y recordado restaurante de Carlos Cortina que se inauguró en 1922.